La dominación del discurso masculino ha sublevado la voz de la mujer, despojándola de toda posibilidad de nombrar el mundo. Ha sido representada y simbolizada por un discurso que ignora sus necesidades y deseos, y que, al desconocerla, la moldea. El encasillamiento de la mujer dentro del discurso falocentrico la ha cosificado y desposeído de su propio cuerpo, obligándola a adoptar una consciencia de sí misma que no le pertenece. Esta imposición le da pocas opciones a la mujer en el mundo del lenguaje, llevándola a verse como un hombre inferior (Moi, 144), incapaz de tener un rol activo en sociedad. Sin embargo, cuando se empieza a saber dueña de sí y se empodera, se rebela ante las formas de opresión del falogocentrismo. La rebeldía se acompaña no solo de la destrucción de las imágenes que se han creado de ella, sino, de la reestructuración del...
Comentarios
Publicar un comentario